POLITICA
06/11/2025
Guterres advierte en la COP30: superar los 1,5 °C sería un “fracaso moral y colectivo”
Por Emma Garcia
Durante la cumbre preparatoria de la COP30, celebrada en Belém, Brasil, el Secretario General de la ONU, António Guterres, lanzó una advertencia contundente a los líderes del mundo: “Fallar en limitar el calentamiento global a 1,5 °C no sería solo un error político, sino un fracaso moral colectivo”.
Su mensaje, pronunciado ante representantes de más de 30 países, marcó el tono de una conferencia que busca acelerar compromisos concretos antes de la reunión definitiva de la COP el próximo año.
Guterres lamentó la falta de acción de las principales potencias industriales, señalando que el planeta “sigue en una trayectoria de colapso climático”. Subrayó que los compromisos asumidos en el Acuerdo de París de 2015 se han quedado cortos y que las emisiones globales todavía aumentan, mientras los países más vulnerables sufren los impactos más graves: sequías, incendios, inundaciones y pérdida de biodiversidad.
La conferencia de Belém se ha convertido en un espacio clave para reconstruir la confianza multilateral. Brasil, anfitrión y actual referente del bloque amazónico, busca posicionarse como mediador entre el Norte y el Sur global. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva destacó que “no hay transición ecológica posible sin justicia social”, instando a los países desarrollados a cumplir con los 100.000 millones de dólares anuales prometidos para financiar la adaptación climática en el mundo en desarrollo.
China, a través de su vice-primer ministro, propuso intensificar la transferencia tecnológica y el desarrollo de energías limpias compartidas, mientras Estados Unidos prometió “nuevos compromisos” antes de la COP30. Sin embargo, organizaciones ambientales advirtieron que muchas de estas promesas “siguen sin calendario ni fiscalización”.
La discusión sobre el financiamiento se perfila como el eje principal de la próxima fase de negociaciones. Guterres fue tajante: “El liderazgo se demuestra con acciones, no con discursos”. Reclamó que los países del G20, responsables del 80 % de las emisiones, asuman su papel histórico y moral en la crisis climática.
En síntesis, la cumbre de Belém expone una realidad incómoda: mientras los informes científicos alertan de que el límite de 1,5 °C podría superarse antes de 2035, las decisiones políticas avanzan a un ritmo desesperadamente lento. Guterres convirtió ese diagnóstico en una apelación ética global: aún hay tiempo para actuar, pero el reloj climático está agotando sus últimos minutos.
Su mensaje, pronunciado ante representantes de más de 30 países, marcó el tono de una conferencia que busca acelerar compromisos concretos antes de la reunión definitiva de la COP el próximo año.
Guterres lamentó la falta de acción de las principales potencias industriales, señalando que el planeta “sigue en una trayectoria de colapso climático”. Subrayó que los compromisos asumidos en el Acuerdo de París de 2015 se han quedado cortos y que las emisiones globales todavía aumentan, mientras los países más vulnerables sufren los impactos más graves: sequías, incendios, inundaciones y pérdida de biodiversidad.
La conferencia de Belém se ha convertido en un espacio clave para reconstruir la confianza multilateral. Brasil, anfitrión y actual referente del bloque amazónico, busca posicionarse como mediador entre el Norte y el Sur global. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva destacó que “no hay transición ecológica posible sin justicia social”, instando a los países desarrollados a cumplir con los 100.000 millones de dólares anuales prometidos para financiar la adaptación climática en el mundo en desarrollo.
China, a través de su vice-primer ministro, propuso intensificar la transferencia tecnológica y el desarrollo de energías limpias compartidas, mientras Estados Unidos prometió “nuevos compromisos” antes de la COP30. Sin embargo, organizaciones ambientales advirtieron que muchas de estas promesas “siguen sin calendario ni fiscalización”.
La discusión sobre el financiamiento se perfila como el eje principal de la próxima fase de negociaciones. Guterres fue tajante: “El liderazgo se demuestra con acciones, no con discursos”. Reclamó que los países del G20, responsables del 80 % de las emisiones, asuman su papel histórico y moral en la crisis climática.
En síntesis, la cumbre de Belém expone una realidad incómoda: mientras los informes científicos alertan de que el límite de 1,5 °C podría superarse antes de 2035, las decisiones políticas avanzan a un ritmo desesperadamente lento. Guterres convirtió ese diagnóstico en una apelación ética global: aún hay tiempo para actuar, pero el reloj climático está agotando sus últimos minutos.







